El cuerpo de una mujer y el de un hombre no procesan los medicamentos de la misma forma. Sin embargo, durante décadas, la medicina ha aplicado protocolos estandarizados sin tener en cuenta diferencias clave entre ambos sexos, incluso en situaciones críticas como la sepsis, una de las principales causas de mortalidad en las unidades de cuidados intensivos (UCI).
Un reciente editorial publicado en Journal of Intensive Medicine y firmado por la Dra. Helena Barrasa, la Dra. Goiatz Balziskueta y el Prof. Jordi Rello, alerta sobre las consecuencias de ignorar el sexo biológico en el tratamiento con antibióticos. Esta omisión puede comprometer la eficacia de los fármacos, aumentar los efectos adversos y perpetuar desigualdades en la atención sanitaria.
Sexo y género: dos factores que marcan la diferencia en salud
El sexo biológico influye directamente en cómo el organismo metaboliza los antibióticos. Las mujeres, por ejemplo, suelen presentar menor masa muscular, variaciones hormonales y diferencias en la función renal, factores que afectan la distribución y eliminación de los fármacos. Esto puede derivar en una sobreexposición, con más efectos secundarios. En cambio, los hombres jóvenes pueden eliminarlos más rápidamente, reduciendo así su eficacia terapéutica.
Pero el problema va más allá de la fisiología. El artículo también destaca que las mujeres, además, reciben con menor frecuencia tratamientos agresivos o intervenciones a tiempo cuando acuden a urgencias con sepsis. A menudo, sus síntomas se interpretan de forma distinta, o se subestiman debido a sesgos de género.
Una brecha histórica con consecuencias clínicas
Desde los inicios de la investigación clínica moderna, las mujeres han sido sistemáticamente excluidas o poco representadas en los ensayos. Esto ha llevado a desarrollar guías y protocolos basados principalmente en datos obtenidos de hombres, sin comprobar si son aplicables a las mujeres. Esta brecha no solo afecta a las mujeres: también impide avanzar hacia una medicina verdaderamente personalizada.
Hacia una medicina más precisa y equitativa
El equipo autor del editorial aboga por utilizar herramientas como la monitorización terapéutica de fármacos (Therapeutic Drug Monitoring) para ajustar las dosis de antibióticos a cada paciente. Además, subrayan la necesidad de que la investigación clínica incorpore de forma sistemática la perspectiva de sexo y género desde su diseño. Hoy en día, menos del 30 % de los estudios tiene en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres, lo que perpetúa una medicina basada en evidencia incompleta. Incluir esta mirada ya no es una opción: es una responsabilidad científica, clínica y ética.
En palabras de la Dra. Barrasa, “Comprender las diferencias que marcan el sexo biológico y el género es clave para avanzar hacia una medicina personalizada y representa un compromiso real con la equidad.”